Werther: Exaltación Erótica Unida Al Juego Social… La Creación Artística Del Romanticismo. Teatro Avenida


La idea del amor en el mundo occidental y cristiano está ligada a lo romántico. Cabe preguntar ¿dónde está la raíz de esa idea, de la concepción común en nuestra cultura acerca de la relación entre los sexos? Lo romántico se remonta a un selecto juego social surgido hacia finales del siglo XI, en las heréticas tierras occitanas del sur de Francia. Resultó de la práctica de los caballeros poetas llamados “trovadores”, que cantaron e idealizaron a damas imposibles unidas en matrimonio a señores poderosos: forjaron lo que se llamó fin’ amor o amor cortés. El nuevo hábito desplegó un juego donde las nobles acciones del caballero se consagraban a la dama, que era objeto de un amor casto y elevado. Los maridos (reyes, príncipes, condes, etc.) y la sociedad aristocrática aprobaban este juego, a la par que se desarrollaba una nueva percepción del amor.

Era común que el caballero fuese socialmente inferior a su señora, y su entrega espiritual revestía sumisión frente a ese amor ideal e irrealizable; aunque la regla podía alterarse y la pureza correr el riesgo de transgredir sus propios límites.

Claro que nada era tan rígido como para impedir la consumación del acto carnal y aquí ponemos el ejemplo de dos célebres parejas del amor cortés: la reina Guinevere y Lancelot du Lac, y Tristan e Isolde; con toda razón, el ensayista Jean Markale se refiere a esta clase de unión como la “pareja infernal”. Digamos a modo deductivo, que el amor cortés purificaba algo que la iglesia condenaba con horror, que no era otra cosa que el placer sexual, al que se sumaba el escandaloso componente adúltero. A veces, el culto por la virgen María disimulaba y sustituía el deseo erótico hacia la dama. De la castidad a la experiencia carnal la distancia era mínima y el pecado era lavado gracias al sentimiento amoroso unido al deseo sublimado.
Los trovadores desarrollaron una concepción del amor, que pese a la reprobación del clero y a los riesgos que habrán actuado como incentivo en medio del juego, no se extinguió. Por el contrario, germinó y se instaló en la sociedad de la que formamos parte. Pero aquel resultado de la exaltación erótica unida al juego social y a la creación artística, hizo ebullición hacia fines del setecientos para encontrar su propio clímax a lo largo del siglo XIX, el siglo del Romanticismo.
 ¿Por qué esta introducción? Solo para acercarnos a una conocida obra de la literatura, que a modo de hito ejerció influencia en varias direcciones. Es que el Romanticismo no fue solo un movimiento artístico, sino una forma de experimentar el amor y de vivir, que aún hoy y a pesar del tiempo transcurrido ejerce influencia en la relación entre los sexos.
El drama lírico en cuatro actos con música de Jules Massenet
y libreto de Edouard Blau, Paul Milliet y Georges Hartmann, basado en Die Leiden des jungen Werthers (Las penas del joven Werther) de Johann Wolfgang von Goethe.
Dirección musical Pedro-Pablo Prudencio. Dirección de coro Juan Casasbellas. Dirección de coro de niños. Petites Coeurs, Rosana Bravo.
Con la participacion de Gustavo López Manzitti, Florencia Machado, Norberto Marcos, Cristian De Marco, Laura Sangiorgio y elenco
Duración total aproximada del espectáculo:
2 horas 55 minutos (con dos intervalos)
Sobretitulado en español en todas las funciones
El teatro “de la Avenida” como se lo llamó en un principio, comenzó a levantarse en noviembre de 1906. El 3 de octubre de 1908 se inauguró con la actuación de la compañía dramática que encabezaban María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza que estrenó “El castigo sin venganza” de Lope de Vega.
El presente texto de César A. Dillon, cedido gentilmente por su autor, se publicó en el programa de mano del espectáculo ofrecido el 19 de junio de 1994 para la reinauguración del teatro luego de su incendio el 3 de abril de 1979, y resume 70 años de historia.
Julio 31, Agosto 2, 6 y 8.
TEATRO AVENIDA
Sobrantes de abono en venta en el teatro, Avenida de Mayo 1222, martes a domingo de 13 a 20

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